“Vida Oculta”, retrato del hombre que desafió a Hitler

La desgarradora historia real del austríaco Franz Jägerstätter, que se negó a luchar para los nazis durante la Segunda Guerra Mundial, llegará a nuestros cines el 7 de febrero de la mano del director Terrence Malick

“Querido Franz”. Así comienzan todas y cada una de las cartas de Fani Jägerstätter, y así da comienzo también la película que relata su historia y la de su marido, cuyo hilo conductor es la correspondencia que ambos se intercambiaban, reproducida en off. Tres horas de altibajos emocionales enmarcados en los años de la Segunda Guerra Mundial. Y, aunque esta vez no se trate de una película bélica al uso, no por ello se prescinde del drama y la angustia que caracterizan este tipo de filmes.

El argumento parece bastante simple, si bien posee un complejo trasfondo, reforzado por la idea de que esta vez no hablamos de ficción, sino de realidad. Franz (August Diehl) y Fani Jägerstätter (Valerie Pachner) son un feliz matrimonio austríaco que vive con sus tres hijas en su granja alpina en Sankt Radegund, rodeados de un mágico paisaje montañés. Cuando estalla la Segunda Guerra Mundial, los hombres comienzan a respaldar el nazismo, pero Franz no se deja arrastrar por la corriente mayoritaria. Se resiste a prestar juramento a Hitler y se convierte en el primer objetor de un mundo de ferviente nacionalismo y creciente ideología de odio. Así, el apoyo incondicional de su esposa y su fe inquebrantable se convertirán en sus principales aliados para afrontar las graves repercusiones que va a provocar su decisión.

“Eres peor que ellos, porque ellos son el enemigo, pero tú eres un traidor”

A Hidden Life

El argumento se presenta constantemente como un juego de opuestos, reflejando tanto los dos bandos que combatieron en la guerra como las diferencias ideológicas que existían en el corazón de cada uno de los mismos. Familia y deber, religión y nación, vida y muerte, orgullo y vergüenza, honor y traición, paz y guerra… confluyen a lo largo de las diferentes escenas, construidas de manera intimista y con una apariencia casi documental, por medio de un rodaje cámara en mano que aproxima los personajes al espectador, como si este fuera otro miembro de la familia que graba un videodiario. Lo demuestra también la abundancia de planos cerrados, con retratos cuasimicroscópicos de Fani, Franz o las niñas. Algo arriesgado en el cine contemporáneo pero que aquí funciona.

Otro de los riesgos que toma Terrence Malick –no sé si con el mismo grado de acierto, si su intención es llegar al gran público- tiene lugar en el propio montaje. En él abundan los jump cuts (o saltos de plano), los saltos de eje injustificados y los ángulos de cámara poco convencionales, que permiten adoptar una perspectiva del todo novedosa. Estas rupturas de racord que afectan a la sensación de continuidad de ciertas secuencias remiten –intencionadamente o no- al cine del francés Godard.

Con una sublime dirección de fotografía, que se manifiesta en el equilibrado uso de luces y sombras y en la acertada elección de los colores –donde predominan, sobre todo, los blancos, grises y verdes- “Vida Oculta” pretende subordinar la palabra a la imagen. El diálogo queda así relegado a un segundo plano, aunque el sonido, otra pieza clave en la ambientación, tampoco pasa desapercibido durante el filme. Y más que el sonido, la ausencia de este: el silencio, símbolo de la calma que precede la tormenta. Definitivamente, la lucha de Franz Jägerstätter se trata de un canto poético al vacío y a la huida presente de manera implícita en todas las vertientes del relato audiovisual.

En pocas palabras, “Vida Oculta” es la historia de un desertor, de un traidor a la patria y a Hitler, que aspiró a ser un héroe defendiendo a ultranza sus principios. Con un ritmo lento, pausado, que requiere paciencia por parte del espectador y atención por parte del cinéfilo, consigue desarrollar un relato poco ordinario de una forma nada convencional. Recuerda en parte a “La Casa de la Esperanza”, en parte a “Gladiator” y en parte a “La Odisea” de Homero. No es una película más sobre la Segunda Guerra Mundial, donde pesan las palabras ‘aliado’ y ‘enemigo’. Se trata de otra cosa, con sus pros y sus contras.

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