Andrés Suarez y Elvira Sastre visten al Wizink de versos

Con la voz por bandera y la poesía como ancla, el cantautor Andrés Suarez y la poetisa Elvira Sastre, llenaron el -antes denominado- Palacio de los Deportes de magia la noche del 21 de noviembre.

Desde hacía meses, ambos protagonistas nos llevaban anunciando un proyecto que prometía ser especial y al que acuñaron “Desordenados”. Se trataba de una iniciativa musicopoética que traía de la mano la fusión de las letras del gallego y los versos de Elvira. Muchos hablaban de algo nuevo, rompedor, pero ninguno hubiéramos llegado a imaginar lo que sucedió esa anoche.

Con la puntualidad del impaciente, a las nueve se apagaron las luces y al público se le encendió un poco el alma al escuchar los primeros acordes de una música que se sabe de memoria. Sin embargo, atónitos pudimos comprobar como una tímida poesía se intercalaba entre sus estrofas. La voz de la poesía retumbaba en las paredes, creando una cálida burbuja que nos absorbió a todos.

“Tal vez te acuerdes de mí” o “Te doy media noche” fueron algunos de los temas con los que Andrés nos deleitó, al ritmo de una banda que se crecía ante el aclamo. Así mismo y de manera inesperada, se deshizo del micro y bajó a la pista donde, a capella cantó “Benijo”. Si tuviera que quedarme con un momento del concierto, sería ese. El público había enmudecido y miraba embelesado al cantante iluminado por tan solo por la luz un foco.

Por su parte, la segoviana nos trajo no solo versos empapados de amor, sino también de mucha justicia social con poemas como “País de poetas” o “Somos mujeres”. De igual manera, nos emocionó con la historia de “Carmelita” y su eterno mensaje.

“Desordenados” es el fruto de la sinergia de una amistad que traspasa las portadas de un libro y las cuerdas de una guitarra. Es el retoño de dos artistas que juntos han sabido coordinar voz y versos para hacer historia y llenar el gigante Wizink de poesía.

Elvira y Andrés nos han deleitado con una experiencia musicopoética única que esperamos que no sea la última, sino la primera de muchas

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