‘Yo, Él y Raquel’, crítica

Entre los estrenos cinematográficos de este fin de semana se encuentra el cándido largometraje dirigido por Alfonso Gómez-Rejón, ‘Yo, Él y Raquel’. Tras su exitoso paso por el Festival de Sundance (Mejor película y Premio del Público) y su notable paso por la sección Perlas del Festival de Cine de San Sebastián, yo,_el_y_raquel_41851aterriza en las salas españolas este gran homenaje a los adolescentes que se sacude todos los tópicos de las comedias juveniles americanas para mostrarnos una visión más personal y cercana de su complejo universo, y como se va desmoronando éste a medida que se acercan a la edad adulta, y a otras circunstancias de la vida misma.

Basada en la novela homónima de Jesse Andrews, quién también ejerce de guionista, trata principalmente la vida de Yo, es decir, de Greg (Thomas Mann), un adolescente de último curso de instituto que no logra encajar en ninguna de las “tribus” urbanas que habitan en él, siendo su máxima premisa pasar lo más inadvertido posible y no ganarse ningún “enemigo mortal”, vamos, un chico neutral que intenta mantenerse como tal entre tanta “alianza”. Su pasión en la vida es el cine y la comparte con su colaborador, que no amigo, Earl (Rj Cyler), llevando a cabo el rodaje de films de muy bajo presupuesto y de dudosa calidad inspiradas en los grandes clásicos del séptimo arte. Sin embargo, llega el día en que conoce a Raquel (Olivia Cooke, bestial interpretación), ya que su madre le ha “condenado” a ello tras enterarse de que la chica sufre leucemia, y su existencia sufre un gran giro emocional. Aquí se conforma el trío que da título a la película,  y el mundo estable en el que Greg tan cómodo se sentía, comienza a desmoronarse a medida que va descubriendo que va dejando de ser un chico de diecisiete años para convertirse en un adulto durante el año académico que acontece, en gran parte gracias a la huella que va dejando en él nuestra heroína.

me and earl and the dying girl1La cinta narra principalmente la crónica de una amistad forjada entre Greg y Raquel, marcada por la evolución de su enfermedad. Yo, con su singular personalidad y su humor tan característico, se encargará de desmontar a medida que los minutos transcurran el decálogo de normas impuestas en toda relación con protagonistas de ambos sexos, dando un soplo de aire fresco a un género que lo estaba pidiendo a gritos y, a su vez, hacer la vida de la protagonista lo más llevadera posible. Earl, por su parte, aunque en apariencia no muestra un rol demasiado importante, va cogiendo importancia al ralentí y termina convirtiéndose en un nexo emocional entre los otros dos actores principales. Aparte de este joven trío de intérpretes, una sucesión de entrañables y complejos personajes secundarios van haciendo acto de presencia durante su desarrollo, definiendo entre todo ellos lo indie de la trama: el profesor de Historia (genial Jon Bernthal) y su lema “Respetad la Investigación”, el padre de Greg y su gato, la madre de Raquel… Quizás todos ellos son necesarios para entender ciertos matices, pero su aparición y sus rarezas pueden llegar a desvirtuar el sentido original por el que discurre el argumento principal, dando toques surrealistas y exagerados a una trama simple y hermosa.

dying-girl_21681‘Yo, Earl y Raquel’ es una película necesaria. Su trato hacia temas tan cercanos a nosotros como la amistad y las enfermedades terminales es exquisito y desprovisto de todo “postureo” cinematográfico, llegando así a la fibra más sensible del espectador, haciendo especial mención al sufrimiento de Raquel. Gracias a ello, navega de forma tranquila entre la corriente más cómica y la más dramática, entre la risa más original y el llanto más descontrolado, rompiendo aquí también el tópico entre el sexo que más lágrimas derrama… Una de las escenas finales de la película ha entrado a formar parte, para un servidor, en la lista de mejores secuencias cinematográficas de los últimos años. No hay frases, ni sonido, ni interacción alguna, aquí el silencio es el que habla y acudimos a la aparición de unos sentimientos que durante la película parecían escondidos y se revelan en forma de detalles trascendentales. Parece que hay algo de esperanza en la “superheroizada” industria del cine americana.

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