Pongamos que hablo (de realistas) de Madrid

El Museo Thyssen reúne las obras de los realistas de Madrid, una generación de siete artistas con estrechas relaciones entre sí. Los homenajeados son tres matrimonios y una amiga cercana: el más que conocido Antonio López, su esposa María Moreno, la pintora Esperanza Parada, su marido, el escultor Julio López Hernández, su hermano Francisco López Hernández, marido de Isabel Quintanilla, y la también pintora Amalia Avia. El grupo ha expuesto de forma conjunta en diversas ocasiones, pero es esta la primera vez que Madrid acoge su trabajo en lo que llevamos de siglo.

La colección, que podrá verse hasta el 22 de mayo de este año, consta de unas 90 piezas, entre óleos, esculturas, relieves y dibujos. Sus obras son un retrato de la vida misma que, definida hasta el más mínimo detalle, nos la presentan tal y como es. Aunque, ni que decir tiene, el trabajo de cada artista es diferente, la exposición está dispuesta de forma que podamos comparar a unos con otros, y comprobar los puntos que éstos tienen en común, tanto en las técnicas utilizadas como en la elección de los temas representados. Así, vemos que los artistas comparten una percepción de lo cotidiano, de los objetos y de los espacios familiares. Coinciden también en la forma de abordar cuestiones como el paso del tiempo, como podemos ver, por ejemplo, en los paisajes urbanos. Pues en ellos nos llevan a una Madrid de los años 50 y continúan retratándola en las siguientes décadas, convirtiendo el lienzo en testimonio de los cambios que se han ido produciendo en la capital.

La distribución de las piezas sigue un itinerario temático, desde lo íntimo y pequeño, hasta lo grande y público. Por lo que empezamos viendo bodegones, interiores domésticos, patios de casas, retratos de familiares y esculturas humanas, hasta que llegamos a la propia ciudad. Destacan rincones mágicos, en ocasiones claustrofóbicos; ventanas que dan a espacios abiertos, perspectivas cónicas que inspiran proximidad y lejanía, paralelas que se juntan en el infinito, recogidas en un patio o un jardín. El realismo queda plasmado en las texturas y relieves, opacidades y transparencias, sombras y brillos, que cada pincelada consigue. Realistas de Madrid nos invita a reflexionar sobre lo más llano y evidente de la realidad, nos ofrece una visión de lo que nos rodea que, estando tan a nuestro alcance, nunca antes habíamos contemplado.

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