‘La casa de Jack’, lo nauseabundo del arte

Lars von Trier estrena hoy en España ‘La Casa de Jack’

Seamos claros, los trabajos de Lars von Trier no son al uso. Si vas a por un cine lleno de clichés y cintas blockbuster, con el director danés no encontrarás lo que buscas. Ya cuando escribió el ‘Dogma 95’, un manifiesto en el que se exponía la vuelta a un cine al natural, se le podía entrever que sus trabajos iban a dar de qué hablar. Y algo así ocurre con ‘La casa de Jack’, un metraje que da para rato: es arte, es nauseabunda y es irónica. La cinta, que se estrena el 25 de enero en nuestro país, tiene un reparto formado por Matt Dillon, Bruno Ganz y Uma Thurman entre otros muchos.

La historia se centra en Jack (Dillon), un asesino en serie con trastorno obsesivo compulsivo. Este psicópata narra cinco sucesos a Verge (Ganz) mientras argumenta los hechos que vivió en su niñez y lo que piensa en lo más profundo de su mente. Y poco más se puede decir del argumento del filme. Esto no es un punto negativo, todo lo contrario, es algo secundario, porque lo verdaderamente importante de la cinta es lo que cuenta: una introspección a lo más profundo del director y a lo peor del ser humano, mientras se intenta relacionar arte con destrucción. Y es que la película es eso, mirarse a uno mismo en el espejo. Pero algo falla en esta mirada, y es ese asco que sientes al ver a Jack, el cual es encarnado por un fantástico Matt Dillon, que transmite miedo, repulsión y cringe a partes iguales. Porque sí, es cierto que es un asesino y que son malos, pero hay escenas de la cinta en la que una frontera ética invisible se traspasa y se llega a rozar lo gratuito. Solo decir que hay una en la que Jack vomita un discurso misógino a su víctima justo antes de acabar con ella. ¿El director intentaba justificar algo o solo era un mero detalle para dotar de odio al protagonista? Pues es algo que, sinceramente, no se logra entender. Y es que esta cinta rompe todas las reglas, llegando incluso a hacer que posiblemente gran parte del publico tenga que apartar la vista ante tales imágenes, y no por gore, si no por ser demasiado crueles e inhumanas. Eso sí, reconocer la crítica a la violencia en la ficción que hace el filme, aunque no es justificado hacerlo con más violencia aún, que es lo que intenta.

Las actuaciones son sublimes, pero no se esperaba menos. Dillon ha recreado un personaje al que el público odiará hasta más no poder. En un intento de buscar racionalidad en el psycho, se toca un humor demasiado negro para los estándares. Jack roza el patetismo y en esas escenas en la que lo absurdo gana importancia, lo único que te sale es una mueca de tierra trágame, no una carcajada. El arte se pone en primera fila en esta cinta, y es algo de lo mejor que

tiene, porque intenta explicar como la destrucción es cultura, algo que lo peor del ser humano ha estado buscando desde hace siglos. La muerte es bella para Jack, y sus asesinatos son lienzos. La música también es un punto positivo. Hay temas originales que te pondrán en tensión y hará que todo lo que sientas vaya a más. Eso sí, la canción ‘Fame’ de David Bowie, que suena durante todo el filme, será eje central de los hechos y, si ya te gustaba, empezarás a aborrecerla al relacionarla con Jack, un poco como si fuese psicología conductivista.

En definitiva, ‘La casa de Jack’ es una película con la que Lars von Trier toca techo en su propio infierno. Es una cinta que odiarás o te encantará, no hay termino medio. Toca la destrucción en el arte de manera magistral, pero es demasiado gratuita, nauseabunda y, a veces, pesada. Esto no significa que el personaje de Jack no sea una genialidad, que lo es. Al fin y al cabo, Jack tenía que dar asco, y así lo ha conseguido el realizador y Matt Dillon encarnándole. No sé qué será lo que tenga esta película que descoloca, pero te deja con el estómago revuelto, lo que no se si es bueno o malo.

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