‘Destroyer’, relato de una vendetta

La aclamada película protagonizada por Nicole Kidman llegará por fin a los cines españoles el próximo 22 de febrero

‘Destroyer’ es la historia de una mujer herida y con sed de venganza, sin lugar a dudas. De esas que los estadounidenses adoran. Nos recuerda en ciertos momentos -y salvando las distancias, por descontado- a la Lisbeth Salander de Fincher. Thriller o no, Nicole Kidman interpreta uno de los papeles más arriesgados de su carrera, y lo hace de una forma impecable y magistral. De hecho, su propia transformación es tan sorprendente que cuando la ves aparecer en pantalla te preguntas si realmente es ella o si el nombre que figura en el cartel promocional de la película no se trata más que de una errata monumental.

Karyn Kusama –conocida por The Invitation o Girlfight– nos trae una película que combina elementos del thriller policíaco, del cine negro y de acción y que está ambientada en la ciudad de Los Ángeles. Su protagonista, la policía Erin Bell (Nicole Kidman), debe enfrentarse a algunos errores cometidos en su pasado como detective cuando un peligroso criminal llamado Silas (Toby Kebbel), en cuya banda de atracadores estuvo infiltrada, regresa a las calles de la ciudad. Sobre la conciencia de Erin pesa la muerte de personas inocentes, especialmente la de su compañero de misión y pareja sentimental Chris (Sebastian Stan), también padre de su hija. Una hija adolescente y demasiado rebelde con la que mantiene una difícil relación tras años de ausencia.

Es por esto que puede decirse que ‘Destroyer’ funciona como un espejo que refleja la decadencia física y psicológica que alguien experimenta cuando se mantiene anclado al pasado. Sin embargo, Erin no es precisamente la heroína que esperamos encontrar en cualquier filme policíaco, lo que imposibilitaría la identificación por parte del espectador si no fuera por los múltiples cambios de puntos de vista a lo largo de dos horas, que contribuyen a crear una perspectiva bastante líquida. La obra de Kusama posee una trama oscura, violenta, claustrofóbica, que se intenta edulcorar a veces con comentarios sarcásticos y amagos de broma, como si de una taza de café amargo se tratase. La iluminación de distintos tonos y colores juega, por lo tanto, un papel muy importante en las transiciones de una escena a otra. Lo mismo sucede con la música escogida, tan bien integrada que llega a convertirse en un elemento consustancial de la historia, potenciando su ritmo narrativo.

Cabe destacar que el largometraje es un constante interrogante, donde el espectador ha de ir recomponiendo el puzle a medida que se le van proporcionando distintas piezas de información. Por no saber no conocemos realmente ni al enemigo de Erin hasta bien entrada la película. Se le da una extrema importancia a los pequeños detalles, que de ninguna manera han de pasarnos desapercibidos, como los tres círculos tatuados en la nuca simbolizando la adhesión a la banda de Silas. Pasa igual con los planos, intercalándose primeros planos con grandes planos generales que representan paralelismos cuando menos desconcertantes: en una escena se nos muestra una discoteca y en la siguiente, una iglesia. Tampoco existe una continuidad espacio-temporal fija, sino que son los flashbacks y flashforwards los que sirven –a modo de pinceladas de un cuadro un tanto abstracto- para contextualizar lo que está sucediendo en la vida de los personajes principales. Una película poco recomendable para aquellos que odien los argumentos enrevesados y desorientadores, en definitiva.

Lo que sí queda claro es que cualquier seguidor de series como Vis a Vis o Breaking Bad -por citar solo algunas- quedará relativamente satisfecho con el resultado de ‘Destroyer’ si decide pagar una entrada para ir a verla al cine a partir del próximo 22 de febrero. Aunque avisamos de quizá no pueda evitar atragantarse con las palomitas.

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